Tan simple como una vida es perder la conciencia de esta.
Vuelvo la mirada y te encuentro rezagado observando, como por primera vez en tu vida, el roto pavimento de una acera.
El sol justifica una sonrisa ante lo sombrío de mis angustias, cuando una nube de mar empapa tus mejillas y me comentas lo buenos que son los iones negativos que se cazan al borde del mar.
Una piedra en el camino rueda trás la mirada de quién se pregunta, lo maravillosa que sería la tarde si no fuese por el constante viento.
Recuerdos y más recuerdos embaucan a mi mente a reproducir lo que tus palabras comentan sobre ellos.
Siento tu observante mirada cuando una pregunta me entresaca de nuevo de mis rumiantes pensamientos; me preguntas qué me pasa y según comienzo a comentar distraes, con ojos muy abiertos, tu mirada trás una figura femenina que pasa de largo.
Al igual que supongo te costó ocuparte de mi desde niño, ahora me resulta complejo aceptar que se tornan los papeles y eres tu el crio desinhibido y curioso al que he de proteger.
Siento que te pierdo cuando soy incapaz de llevar la situación. Tan solo me apaciguan tus constantes comentarios sobre las cosas que te gustan o desearías hacer.
Te quiero padre.